Desde que la revolución industrial hizo de la tecnología su base para apuntalar el sistema capitalista a finales del siglo XIX, las máquinas han sido una constante en nuestras vidas como objetos clave dentro de las relaciones sociales. Años más tarde, la URSS se erigía como líder mundial en desarrollo tecnológico formando parte de la carrera espacial junto a EEUU. El crecimiento en este sector afectaba a todos los niveles de la sociedad, donde un hogar medio en los años 70 apenas tenía una TV y una radio, además de los electrodomésticos básicos. En el siglo XXI, no sólo hemos heredado estos componentes sino que han aparecido otros nuevos para todos los propósitos posibles, y estos no paran de innovar dejando como obsoletos a sus aparatos predecesores. Llegado este punto, pensar que la tecnología condiciona nuestras vidas no es muy descabellado. El consumo de dispositivos no va más allá de obtener un resultado, pero desde que Eduard Snowden, un extrabajador de la Agencia Nacional de Seguridad en EEUU, confirmaba en verano del 2013 el asalto a la privacidad desde las empresas multinacionales del sector TIC, saltó a la palestra el debate sobre la concienciación de seguridad. Millones de datos fueron vendidos o cedidos a gobiernos, o bien a terceras empresas para definir perfiles de ventas con lo que la sociedad se cuestionó su soberanía sobre su propia información. Hasta no hace mucho, la relación con la tecnología no incluía almacenamiento de datos con el cual se podría definir nuestra propia personalidad mediante el análisis y la relación entre ellos. A partir de este debate, la concienciación y la responsabilidad tomaron parte importante en las reivindicaciones de quien denunciaba inseguridad no sólo con respecto a su gobierno, sino a potencias extranjeras como EEUU. Si la mayor parte de servidores de las grandes multinacionales está en ese país americano, la ecuación es sencilla. En esta discusión, el Software Libre (SL) guarda las mejores respuestas ante tal disputa moral: independencia, seguridad y soberanía.

  • Independencia: ninguna multinacional podría acceder a nuestra información ya que no entra dentro de su jurisdicción.
  • Seguridad: gracias a la posibilidad de contar con el código fuente y la generación de comunidad alrededor del SL, los posibles errores son subsanados con mayor prontitud que en los sistemas donde hay presentes “cajas cerradas” de código, el llamado “software privativo”.
  • Soberanía: la organización o movimiento social de la que formamos parte es capaz de decidir modificaciones sobre su propio sistema sin necesidad de recibir órdenes de otro ente, ya sea público o privado. Dicho de otro modo, la organización es dueña de sus herramientas.

A mayor concienciación, más preguntas. Desde Enreda, trabajamos para construir soluciones basadas en estos tres valores, con el ahorro como pegamento, asentando el convencimiento de que el Software Libre es garante del consumo responsable de tecnología con la que vivimos diariamente.